La Asociación Cultural Cobres dedicó la jornada a reconocer la implicación de madamas, galanes, músicos y personas colaboradoras en la preservación de una tradición centenaria.
La Asociación Cultural Cobres celebró el pasado sábado 29 de marzo una nueva edición de La Morada, una jornada pensada para el disfrute de madamas, galanes y las muchas personas que colaboran cada año en la celebración del Entroido de Cobres. El evento, que puso el colofón a una edición marcada por la ilusión de preservar una fiesta con siglos de historia, comenzó a las 13:30 h con una sesión vermú previa a la comida servida en la carpa instalada en Riomaior. La celebración se prolongó durante toda la tarde con hinchables y animación musical.
Madamas, galanes, bailarines y músicos fueron reconocidos por su esfuerzo a lo largo del año, en forma de incontables horas de ensayo para mantener viva una tradición que se remonta al siglo XVII. Muchos de los participantes acumulan décadas de experiencia, aunque las cuatro intensas jornadas de Entroido —más de ocho horas diarias en pie— suponen cada año un verdadero reto físico.
Desde la Asociación Cultural Cobres se quiso destacar ese compromiso continuo y la responsabilidad que implica asumir los papeles protagonistas del Entroido. Ser madama o galán supone también asumir renuncias y compromisos que van mucho más allá de lo visible durante las fiestas.
La Morada se organizó, una vez más, como un acto de reconocimiento a toda esa dedicación. Una fiesta para la gran familia del Entroido, en la que pudieron compartir una comida de confraternidad con el cariño y agradecimiento de la comunidad.

Martín Duarte, presidente de la asociación, explicó que “es el único día en el que disfrutamos de la fiesta. El resto del año tenemos reuniones semanales, ensayos, planificación de eventos y salidas a las que llevamos el Entroido de Cobres”.
El actual formato de La Morada —bajo carpa y con servicio de catering— recoge la tradición de antiguas celebraciones que reunían, tras el Entroido, a madamas, galanes y músicos. Lidia Peleteiro, directiva de la asociación, recordó que originariamente la comida se preparaba con los alimentos entregados durante el recorrido del Entroido, y que incluso había quien donaba una vaca para la ocasión. Por entonces, solo asistían al almuerzo quienes bailaban o tocaban. Con el tiempo se contrató a un cocinero y las familias ayudaban como asistentes, hasta llegar al formato actual, abierto también al vecindario colaborador.
Peleteiro subrayó que “La Morada está abierta a las familias y a todas las personas que, de algún modo, colaboran en la conservación de esta fiesta, que es una seña de identidad para Vilaboa y especialmente para Cobres. La elaboración artesanal de los gorros, la indumentaria de cada madama y galán, los complementos, los traslados y los gastos que supone mantener la actividad durante todo el año serían impensables sin la implicación y las renuncias de las familias”.
